Historia del club de la escritura

10. oct., 2017

Siempre he amado mi país, es el más hermoso, el mejor, el que tiene las mejores selvas, las más extensas llanuras, los ríos más caudalosos, las playas más bellas, las más grandes riquezas, y sobre todo, la mejor población del mundo. Y en medio de tanta belleza y sabiendo que no hay otro lugar que pueda igualarle, me ataca la rabia, la tristeza, la decepción, o yo que sé, una gran cantidad de sentimientos negros que arañan mi alma y le hacen sangrar.

¿Por qué un país tan bello y con tanta riqueza, me limita, zanja mis deseos y me impide desarrollarme? ¿Por qué, la triste realidad me lleva a no poder estar en el lugar en que quisiera estar? ¿Por qué los de abajo no podemos subir?

Tantas preguntas que no podré responder, porque ilógicamente, me encuentro con quienes ocupan los altos cargos, los alcaldes, los gobernadores, los ministros, los diputados, los senadores, los congresistas y el presidente; a ellos mi país no les pone trabas, a ellos les permite ascender, subir, planear, lograr, alcanzar y saciar su sed de poder, esa sed que les lleva a entorpecer el camino del pobre que no entiende porque sin razón, sin motivo, ha vuelto a caer.

Y es que los pobres olvidamos, y volvemos a olvidar, perdonamos y perdonamos de nuevo; y como si fuera poco, somos engañados cada vez que a la clase política le da la gana.

Y eso pasa, querido amigo, porque no nos empeñamos en estudiar para acabar con la ignorancia; esa ignorancia, que nos encierra a merced del más poderoso, y de aquel que si aprovechó su oportunidad y estudió, y se hizo menos ignorante, para pisotear a los que nos quedamos abajo, a los que prefirieron vivir en el barrio marginal, que solo ofrece la oportunidad de ser bandido, de portar un arma, y dirigirse al lugar más cercano a robar y quizás también a matar, a alguien que se negará a entregarnos lo que con gran esfuerzo ha conseguido.

Y somos muchos, la mayoría en éste país, el mayor número de pobladores en la nación, pero aún así no logramos vencer al de arriba, al que nos pisotea pero sabe que contará con nuestro voto, con la aprobación tácita, dada por nosotros mismos, para que nos impida surgir. Y luego de un tiempo, estaremos lamentando nuestra decisión irracional, que nos impidió nuevamente poder trabajar.

Y es que no solo nos impiden crecer, también nos impiden tener, no podemos tener una casa porque el salario miserable, de quienes tienen un empleo, no alcanza, pero aún así hay que bendecirlo, porque otros podrían hacer la tarea por un precio más bajo. No podemos tener derecho a una salud, solo los de arriba pueden pagar para que un galeno les atienda dignamente.

No podemos tener una vida digna, el arriendo, los servicios, las medicinas, el transporte, y lo poco que se puede comer, se llevan el miserable salario que no permite a nuestros hijos, que puedan estudiar, porque las universidades privadas, son para los de arriba, los de abajo, tan abajo que ya ni nos notamos, no cabemos en las universidades públicas; y seguirá una cadena interminable de dolor, de ignorancia, y de fracasos, que algún día les llevará a pensar que en éste hermoso país, no podemos trabajar por que no podemos estudiar, porque somos pobres, los de abajo, los que no podemos subir, y si además, tenemos cincuenta años, no habrá lugar que nos quiera recibir.

Nadie querrá aprovechar nuestra experiencia, porque pesa más la edad, que el conocimiento, porque somos invisibles, tan invisibles, que el costo de nuestro trabajo, no merece reconocimiento.

Y no podremos trabajar, y la sociedad nos desechará, y las empresas dirán: no te puedo contratar, porque ahora, las personas mayores, no se pueden ocupar; y entonces volveré a preguntar, quizás sin respuesta alguna, cómo en éste bello país, con tantas riquezas, y el mejor lugar para vivir, no nos permiten trabajar.

Y moriremos de desidia, si, la desidia de un país que se negó a luchar, la desidia de quienes pudiendo gritar, prefirieron callar, y la triste realidad nos llevará a no querer participar, quedando claro que el trabajo en éste lugar, se negó a los mayores y permitió que los menores fuesen explotados sin ninguna compasión.

Y cuando se acerque el final, habrá alguien que pueda explicar, ¿por qué no podemos trabajar?..